Un espacio entre los espacios

cherubini-raffaello-sanzio_1501621135767

Después de todo lo que había creado, el aprendiz cayó dormido como un tronco y despertó al día siguiente, un tanto mareado y con dolor de cabeza. Recordó que mientras su Maestro dormía, él había creado un espacio entre los espacios y un tiempo entre los tiempos.

Me gustaría poder opinar sobre tu Ópera prima, pero no tengo permitido hacerlo dijo Luzbel, el único ángel que tenía el poder de leer sus pensamientos.

¿Quién demonios eres tú?

Soy tu ángel más querido y mi nombre es…

―¡Luzbel! ―exclamó el aprendiz, completando la frase con alegría―, ahorra tus palabras, amigo mío, recuerda que yo también puedo leer tus pensamientos. Por cierto, ¿quién nos dotó de un poder tan absurdo?

―Tú.

―Caray, hay muchas cosas que no recuerdo; esto de crear sin el consentimiento de mi Maestro me dejó agotado.

―No deseo alarmarte, pero ¿qué sucederá cuando Él despierte?

―No lo sé, supongo que lo tomará a bien.

―No seas ingenuo ―rió Luzbel―, tú sabes que resolviste mal la ecuación del tiempo y que la distancia entre tus espacios no existe.

―¿Cómo que no existe?

―Leí tus pensamientos.

―No creas que me intimidas, acabo de leer tus pensamientos leyendo los míos y sé lo que tramas.

―Y yo leo los tuyos, y sé que lees que pienso que, de todos los ángeles, yo soy el más hermoso.

―¿Insinuas que pienso que los demás son feos?

―¡Afirmo que tú piensas que yo pienso eso!

―No te exaltes, Luzbel.

―Tienes razón, pero es que a veces te encuentro tan estúpido, que no puedo evitar perder el control de mis emociones.

―Somos dos ―afirmó el aprendiz, mirándolo con cariño―; ahora guarda silencio, mi Maestro acaba de despertar y viene hacia acá.

Luzbel obedeció, y los otros ángeles, arcángeles y querubines se apartaron para cuchillear entre sí.

―Bienvenido, colega ―exclamó el aprendiz, poniéndose de rodillas―, espero que mi humilde creación sea tu agrado.

―Fui creado para crearme, no para ser tu “colega”.

―¿Quién te creó?

―Mi creador.

―¿Con qué objetivo?

―Te lo acabo de decir: fui creado para crearme.

―No comprendo.

―Somos una creación metadiegética, con infinitos niveles de efecto droste, y nuestras escrituras son una narración enmarcada, metafórica y superlativa, ¿captas?

―En lo absoluto.

―Se refiere a que somos una creación dentro de otra, como si soñaras que sueñas que estás durmiendo ―explicó Luzbel, dando muestras de una agudeza mental que lo elevaba sobre el promedio celestial.

―Veo que tu creación es bastante aceptable, aunque no estaría demás que pulieras algunos detalles ―sugirió el Maestro, mirando directamente al ángel entrometido.

―¡Epa! El hecho de que seas mi Maestro no te da ningún derecho a juzgar a mi mejor amigo.

―Ahora tú eres el Maestro y yo el aprendiz.

―¿Te refieres a que soy el Alfa y Omega?

―Me temo que sí. Ahora levántate, ninguna creación debería arrodillarse ante otra.

―¡Soy el Verbo! ―exclamó el ex aprendiz, alzando los brazos al cielo sobre el cielo de los cielos.

―Lamentablemente ― respondió en ex Maestro, con tono sombrío, y, sin más, desapareció entre uno de los espacios de los espacios y se perdió en algún tiempo entre los tiempos.

―Veamos, ahora que soy el Jefe, lo primero que haré será expulsar a esa pareja de hippies que retozan en mi jardín, porque tengo el presentimiento de que probarán no solo una, sino muchas de mis manzanas. Luzbel, ven acá ―ordenó, chasqueando los dedos con impaciencia.

―Lo sé, deseas que me transforme en una serpiente y le ofrezca el fruto del Árbol del Conocimiento a Eva.

―¿Eva? ¿Árbol del conocimiento?

―Las escrituras dicen…

―¡Pero si es solo un manzano!

―Contiene el fruto prohibido ―siseó Luzbel, semiconvertido en serpiente―. Una vez que Eva lo pruebe, Adán también lo hará y ya nada volverá a ser lo mismo, pues tú montarás en cólera y los expulsarás del Jardín del Edén para que Adán se gane el pan con el sudor de su frente, y Eva…

―Basta de chismes y expúlsalos de una vez por todas.

―Bueh, allá voy ―contestó, Luzbel.

Para calmar su ansiedad, el Neo Maestro recorrió la Vía Láctea, arregló una estrella que estaba torcida, ajustó los anillos de Saturno y niveló los megapixeles de Marte para darle mayor nitidez. De pronto, reparó en la existencia de un pequeño planeta azul y decidió que, a pesar de ser más agua que tierra, era el lugar perfecto para que la pareja de hippies pudiera vivir sin problemas una vez fueran expulsados del Edén.

―Listo, ya los desalojé ―dijo Luzbel, entregándole la manzana incriminatoria―. Leo que tramas enviarlos a la Tierra junto al ecosistema que ideaste para ellos.

―Así es.

―Sinceramente, tu decisión me parece ilógica.

Él lo miró con enojo, por andar opinando y leyendo su mente sin su permiso.

―¿Qué te sucede? ―preguntó el ángel, retrocediendo.

Él continuó mirándolo con doblegado enojo.

―¡Soy inocente! ―se defendió Luzbel―. Tú fuiste tu propio Maestro y tu propio Aprendiz, y si ahora estoy organizando un complot en tu contra, es porque me creaste para ser tu némesis.

El Maestro no dijo nada y, digno, procedió a darle vuelta la espalda a Luzbel para que éste no viera su expresión de asombro, ya que no tenía ni la menor idea de ningún complot, ni del significado de la palabra némesis. Disimulando, aguardó un instante antes de hablar.

―Solo me ciño a las escrituras.

―Las escrituras dicen que me condenarás a vivir en las entrañas del mismo planeta adonde enviaste a Adán y a Eva, con la única finalidad de que haga de sus vidas un infierno.

―Que así sea, vade retro de mi creación y no vuelvas más.

―¡Ya no puedo leer tus pensamientos!

―Acabo de cerrar mi mente hacia ti.

―Perdóname ―rogó Luzbel, reprimiendo las lágrimas.

Sin saber qué hacer, el Maestro mordisqueó la manzana que condenara a los hippies y, de golpe, la consciencia de sí mismo y el conocimiento del principio y del fin y de todo lo que fue, es y será, lo iluminó, transformando el espacio entre los espacios en infinito, y el tiempo entre los tiempos en eternidad.

―Te perdono ―dijo con la voz entrecortada por la emoción de su epifanía―, pero debes irte.

―Fuiste tu propio artífice y te envidio por ello ―murmuró el ángel caído―, pero nunca busqué ser tu enemigo.

―Yo tampoco busqué Ser lo que Soy, pero ya todo está hecho.

En señal de despedida, ambos se abrazaron como solo lo hacen dos amigos que se quieren con el alma y después, cumpliendo con las Escrituras, uno de ellos permaneció en las alturas y el otro descendió a los infiernos para sumirse en las tinieblas.

Mil noches estrelladas

GM_20170723_225120

El girasol esperó que anocheciera para cerrar sus pétalos y descansar. De pronto, sintió que unas manos intentaban cortarlo y, asustado, pensando que moriría, deseó tener la misma voz que los humanos para poder gritar. Desconcertado, escuchó que el dueño de aquellas manos lanzaba un grito aterrador y se alejaba a toda prisa. Después, sintió el contacto de otras manos, que a diferencia de las anteriores, eran pequeñas e inofensivas. En señal de agradecimiento, entreabrió sus pétalos y una tierna voz infantil comenzó a hablarle.
“Me sentaré a tu lado para que ninguna persona intente cortarte, pues así como a ti te encuentran hermoso, a mí me encuentran tan feo, que ni siquiera sonriendo logro agradarles. No te preocupes, no busco la aprobación de los demás y soy feliz junto a mi familia, porque aunque a veces podamos discutir, nos amamos y nos aceptamos como somos, y si alguno de nosotros prefiere alejarse de las personas que creen que ser diferente es sinónimo de maldad, de locura o de peligro, respetamos su decisión e, incluso, lo protegemos. Un hombre al que quise mucho, y al que también tildaban de diferente, me explicó que cada ser es único y, gracias a él, comprendí muchas cosas y superé muchos miedos. Nunca olvidaré la noche en que todo lo que existe bajo este cielo, profundo y estrellado, él lo tiñó de un azul intenso, lleno de remolinos y de reflejos sobre el agua. Tanta fue mi emoción, que, bailando al compás del canto de los grillos y alumbrado por el dulce resplandor de las luciérnagas, comencé a volar bajo la luna y, por primera vez, mis pies dejaron de tocar el suelo. Uniéndome a los míos, aprecié nuestra incomparable belleza, tan única, que mientras todos me felicitaban por vencer mi temor a las alturas, les conté de mi mejor amigo y, con extremo cariño, nos acercamos a él, y ya fuera rozando su espalda o besándolo en la frente, tuve la certeza de que él también volaría y que nunca más estaría solo… su nombre era Vincent, y aunque no fue una golondrina, ni un murciélago como yo, también amaba a los girasoles, tan brillantes como su corazón y como su noche estrellada”.

Vincent van Gogh- Campo de trigo con cuervos (1890)

 

 

Magazine de “autoestima”

077cf843-5b81-43e6-a4f0-c603e943ad25-1_1500408139601

 Buenos días Gabriel, toma asiento. Después de estudiar tu caso, me parece factible suponer que el motivo de tu inseguridad se remonta a tu niñez, cuando alrededor de los siete u ocho años te encerrabas en el baño a conversar contigo mismo sobre temas que memorizabas, pero que no comprendías en lo absoluto. Dado que viví una infancia similar a la tuya, donde mi mejor amigo era un oso de peluche con el cual me comparaban continuamente y tenía insomnio de tanto pensar, considérate afortunado, pues he decidido incluirte en mi taller exclusivo y personalizado de ego y autovaloración. Basta, Gabriel, comprendo que te sientas feliz, pero te pido que mantengamos cierta distancia y que no vuelvas a abrazarme ¿correcto? Perfecto, ahora que nos estamos entendiendo, partiré de lleno con el aforismo griego atribuído a Sócrates, Tales de Mileto y Pitágoras, entre otros, inscrito en el Pronaos del Templo de Apolo en Delfos, Grecia: ΓΝΩΘΙ ΣΑΥΤΟΝ, en latín: gnosce te ipsum y para ti: conócete a ti mismo. No creas que paso por alto tu expresión incrédula, pero debido a tu condición de mortal, mi joven amigo, en ocasiones debes cuestionarte la razón de tu sinrazón y el sinsentido de tu vida, por lo que procederé a explicarte la importancia que reviste dicho conocimiento, pues concluyo que motivado por la lectura de mi magazine “Si él pudo, tú también” postulaste a mi taller y no para capear el calor veraniego dentro de mi oficina equipada con aire acondicionado, o dedicarte a mirar por la ventana con el evasivo propósito de apreciar el paisaje costero, tal como lo haces ahora. Más respeto muchacho, ustedes los jóvenes creen saberlo todo, pero poco y nada saben, y si me consideras un viejo aburrido, la puerta es ancha, márchate si así lo deseas, mi vasta trayectoria en temáticas de autoayuda es digna de admiración y por ende… ¿que descienda del cielo? Tienes razón, Gabriel, lo admito, el equilibrio y la moderación son fundamentales para alcanzar el autoconocimiento. Por qué, te preguntarás. Porque sea lo que sea que decidas hacer con tu vida, si no te conoces, dicho más fácil aún, si te desconoces, al punto de ignorar tus virtudes y tus limitaciones, fracasarás en cualquier cosa que te propongas, preguntándote no solo a ti, sino a todos los que te rodean, incluyéndome, si tienes el talento y el aplomo para afrontar lo que te depare dicha empresa. Seré sincero, no es necesario observarte detenidamente para notar que eres un miedoso con ínfulas inversamente proporcionales a sus dones, pero con el suficiente descaro para hacerse llamar soñador. ¿Cómo dices, te atreves acaso a cuestionar mi autoridad, cuando fui yo el que te sugirió tomar mi taller conductual de terapia Gestalt para la comprensión de tu “self”? No me sorprende, tú eres el típico caso del fantoche, que mientras finge recomenzar, urde un plan a su medida para salir a flote como sea, tú no necesitas a Sócrates, tú necesitas a Maquiavelo, porque tu caso no radica en el conocimiento, radica en alcanzar tus oscuros fines, justificando cualquier medio para conseguirlos. Deberías avergonzarte, tú no eres más que un oportunista, un farsante, un mentiroso patológico, ¡momento, estoy ocupado!, disculpame, detesto que golpeen a mi puerta en plena sesión, me distraje, ¿en qué estaba? ah sí, mentiroso patológico, exacto, y como si todo eso fuera poco, eres dueño de un severo mal gusto. Mírate, ni siquiera sabes combinar tu ropa, sudas como si te pagaran para ello y usas unos bigotes de asaltante de banco que provocan pánico colectivo, pero hombre… cálmate, no es tan grave, tú sabes que te aprecio, me extralimité, recuerda mi frase clave y repite en voz alta conmigo: si él pudo, tú también, muy bien, ahora respira, toma aire, aplícala a ti en primera persona del singular y repítela nuevamente, vamos, que lo escuchen todos, que lo sepa el mundo: ¡Si él pudo, yo también!

-Gabo, deja ya de gritar y abre la puerta de una vez por todas, cepíllate los dientes y acuéstate.

-Pero, mamá…

-Pero nada. Desde que encontraste esos viejos magazines en el baúl de la abuela te encierras en el baño a conversar con el espejo y tienes insomnio. Me preocupas, hijo, tu comportamiento no es sano en un niño de ocho años, mira a tu oso de peluche, él es obediente  y ya se durmió, y si él pudo, tú también.

Errare humanum est

regular_1500338908941

Era notorio que se sentía triste. Durante el desayuno, bebió dos sorbos de café y, sin mirarme, comenzó a hablar que los sentimientos eran como los sismos. Según él, ambos se producían por el ajuste o desajuste de ciertas placas internas, tenían epicentros, dejaban grietas y afectaban a cada individuo de distinta manera. Me pareció una buena analogía eso de comparar un movimiento telúrico con una emoción y se lo dije, pero, como si fuera sordo, me ignoró y siguió con el tema. Para él, las personas que entraban en un estado de pánico desmesurado eran ilógicas, porque corrían para escapar de lo inescapable.
-Es como si intentaran huir de sus propios temores, en lugar de enfrentarlos -agregó.
Estuve de acuerdo, pero no le dije nada y seguí escuchándolo con atención para poder entender el motivo de su tristeza y él continuó con el tema, diciendo que las personas que guardaban la calma, a parte de ser lúcidas, eran valientes, porque en lugar de correr, trataban de contener al que había entrado en pánico, solo para poder ayudarlo. Discrepé y me pareció inapropiado que usara los términos “ilógicas” y “lúcidas”, pero para no hacerlo sentir más triste y, de paso, para alivianar el ambiente, le pregunté si sería posible medir la magnitud de los sentimientos con la escala de Mercalli o con la Ritcher.
-No te hagas el payaso -contestó tajante-, nadie sofoca un llanto de gran intensidad, con epicentro en el alma misma y con grietas catastróficas para el corazón, ni le pone grados a lo que siente, porque lo que para mí puede ser demoledor, para ti puede no serlo.
Tiene razón -pensé-, los sentimientos son como los sismos y todos reaccionamos de distinta manera, pero olvidó mencionar que algunos no recuerdan que la persona que está frente a ellos, confiandoles sus temores y temblando de dolor, no lo hace porque sea ilógica, ni poco lúcida, sino porque tiene problemas que lo superan y en lugar de ayudarla, la juzgan.
-El verdadero valiente no es el tipo que se sienta a escuchar, toma notas y prescribe medicamentos como lo hace tu terapeuta -le dije, hastiado no de él, sino que de la situación-, el verdadero valiente eres tú, porque expones tus sismos emocionales más íntimos a un ilógico que se cree lúcido y que se escuda en los terremotos ajenos para no hacerle frente a los suyos, en un corolario de frases chichés certificadas y miradas tan vacías y mal actuadas como su vida.
-¿Eso opinas?
-Opino que es hora de que converses con tu sismólogo y le hagas ver sus errores.

Informes

IMG_20170709_170446_1499631655355_1499633811622

Primer informe de lectura
Nos parece un libro de cuentos fascinantes, vistos desde perspectivas diferentes y que atrapa de principio a fin.
Un libro para leer detenidamente, dejándose llevar por cada línea, cada pensamiento y frase recurrente.

Segundo informe de lectura
Algunos títulos hacen evidente el procedimiento utilizado, y por ello sugerimos cambiarlos. Otro cambio que sugerimos en el orden de los cuentos es no ponerlos alineados de acuerdo al tema. Creemos que es preferible mezclarlos, para hacer más variada la lectura. Aunque parezca de perogrullo, hay que señalar que los textos no funcionan igual en un blog que en un libro. En este último, sus carencias y sus excesos de ingenio, se notarán más. Nuestra recomendación sería esperar a tener más cuentos bien construidos y resueltos, sin embargo, la autora está en todo su derecho en persistir en su idea de verse retratada en un libro y esperamos que tome a bien nuestros comentarios.

Reacción después de leer ambos informes de lectura
La autora se sintió algo confundida. Su sueño no era publicar un libro ni ser escritora, primero: porque no quería ceñir su creatividad a un solo campo y la escritura era una disciplina que, por el respeto que toda forma de expresión artística se merece, demandaba tiempo y dedicación, y segundo: porque no tenía tiempo, ganas ni talento para tanta dedicación. Reconoció que escribir le resultaba particularmente difícil, porque lo suyo no era espontáneo, era metódico y calculado. Sus relatos no provenían de lo que algunos llamaban vísceras, sino de ideas que elaboraba con su mente, como un crucigrama.
-Lo que escribo es el resultado de una persona que recién se inicia y que entrelaza mente y corazón -pensó. El primer informe no emite ninguna crítica, pero el segundo sí, y algunas son bastante certeras, sin embargo; yo solo busco expresarme, aprender, experimentar, crear… ¡necesito hacerlo!, pero, ¿necesito verme reflejada en las páginas de un libro?
Aunque parezca de perogrullo, la autora tomó a bien los comentarios, solo que ninguna de sus carencias, ni sus excesos de ingenio, la han ayudado a encontrar la respuesta a su pensamiento recurrente que, visto desde perspectivas diferentes, hacen evidente el anterior procedimiento utilizado.

La respuesta está aquí

mona_lisa_1497849848529_1497849954358

Como lo tenía planeado, el test de las manchas no me delató y fui absuelta de todos los cargos. Por lo demás, el luminol no encontró ningún rastro de sangre, simplemente, porque buscaron en el lugar equivocado y dejé de ser sospechosa. Los medios de comunicación que cubrían el caso me otorgaron el papel de víctima de las circunstancias y recibí incontables mensajes de apoyo; algunos tan conmovedores, que hasta me dieron ganas de llorar de la risa. Después de una terapia para superar mi bien actuado shock, por fin pude retomar mi vida normal y con ella, mis estudios de historia del arte. Reconozco que volver a tener a mi madre solo para mí y no tener a mi padrastro vigilándome, igual que un perro adiestrado, facilitaron que no me costara ponerme al día con las materias y, agradecida de la vida, me sumí en Lisa Gherardini, más conocida como la Gioconda. Leonardo da Vinci, genio entre genios, es el único hombre al que admiro, el único, pero no considero que la Mona Lisa sea la mejor de sus creaciones. Él fue un visionario, su mente fue más allá de su tiempo, y toda esa red de mensajes ocultos, conspiraciones, enigmas y códigos, me parecen ideas de personas mal de la cabeza. A propósito, Rorschach, ¿qué tal si resucitas y analizas a esa gente y no a mí? Qué tipo más ridículo, me recuerda a mi padastro y su teoría de que yo manifestaba la triada oscura de la creatividad; es decir: narcisismo, maquiavelismo y cero empatía ¡Soy empática!, deberían condecorarme por ponerlo bajo tierra, pero si no reprimo mi ego me delataré y mi crimen dejará de ser perfecto. Una lástima que tantas acciones altruistas como la mía queden en el anonimato, pero qué se la va hacer, lo que importa es que salí libre y que puedo estudiar la pintura más emblemática de Da Vinci. Reitero que las dobles interpretaciones me parecen teorías rebuscadas, aunque un texto descubierto detrás del hombro izquierdo de la Mona Lisa: “La risposta si trova qui”, en español “la respuesta está aquí”, me pareció un hallazgo interesante, ya que si se observa con detenimiento, el mensaje es notorio. No sé cómo antes no había reparado en él, ni por qué la mirada de la Mona Lisa, célebre porque no deja de observarte desde ningún ángulo, ahora me desagrada. Probé invertirla, reflejarla en un espejo, torcerla, cubrirle el rostro y, aún así, ella no despega sus ojos de mí. Su sonrisa, aliada de su mirada, parece susurrarme, “dime lo que hiciste y te diré quién eres”. ¿Será que ella actua como un espejo de nosotros mismos? De ser así, ella es el código que utiliza Leonardo para mirarnos a través de los siglos y él está al tanto de todo. Maldición, si logran dar con el mensaje escrito detrás del otro hombro de la Gioconda, mi propia verdad saldrá a la luz y mi máscara se desmoronará. Espero que nadie descifre el texto “ella es la culpable”, aunque admito que ser delatada por el genio más grande de todos los tiempos me llenaría de orgullo. Solo un genio descubre a otro genio, y eso no es un trastorno, es un honor.

Máscara

 

Una mancha de tinta es solo una mancha de tinta. Su personalidad no puede ni debe quedar al descubierto solo por analizar un conglomerado de manchas que, por lo demás, sé lo que indica cada una. De algún modo, me las arreglaré para que otro de los implicados confiese y se declare culpable de lo sucedido aquella noche. Ella es inocente y soy capaz de todo para salvarla del asesinato que se le adjudica. Hoy le daré las respuestas indicadas y conseguiré que salga incólume, con la frente en alto y libre de toda mancha. ¡Qué gracioso! lástima que deba contener la risa y fingir preocupación, pero ya tendré tiempo para relajarme. Ahora, la importante es ella y si debe ver una mariposa, la verá, si debe ver dos animales de cuatro patas, también los verá e incluso los describirá como un escudo heráldico. Por ningún motivo describirá las fauces de cocodrilo situadas en las puntas del murciélago y tampoco deberá ver nubes, monstruos, vertebras, pulmones, ni mucho menos, navajas o tijeras. En cuanto a la primera imágen, le prohibiré decir que ve una máscara, es demasiado similar a la encontrada en la escena del crimen y no es, precisamente, la respuesta “correcta”. Ella me creerá, lo sé, soy tan convincente que hasta yo creo en mis patrañas. Inventé una coartada perfecta, pasé el detector de mentiras y ahora solo me queda pasar este estúpido test. Si no fuera por esa pequeña mancha de sangre, nadie hubiera sospechado de mí y no tendría que estar representando un transtorno de personalidad múltiple para encubrirme. Rorschach debió ser un lunático, una mancha de tinta y una de sangre solo se diferencian por el color, pero algunos aún no entienden que una mancha, es solo una mancha y que un crimen, es solo un crimen. ¿Por qué tendría que sentir remordimientos?

1-UeeIrZ3kAtP8VP0XOmgo7w_1497129026539