La Ψ de una mariposa

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Viajando por viajar rumbo a un lugar llamado Cualquier lugar, noté que no llegaría a ninguna parte si continuaba volando en círculos y perdida entre mis olvidos, abrí los ojos y veloz, me lancé al pozo del recuerdo.
-¿Qué se supone que haces?
-Parto en busca de un amanecer.
-Pero somos mariposas nocturnas, no diurnas.
-Lo sé.
-Es un viaje peligroso y no te dejaré ir.
-Amo la luz de la luna y de las estrellas, pero no encuentro que tenga sentido girar alrededor de un famélico sol que no brilla por mérito popio.
-Ese famélico sol se llama lámpara.
-No me importa como se llame, me importa que su iluminación es falsa y pretenciosa.
-Nunca comprenderé esa manía tuya de nombrar a las cosas por otro nombre.
-No es más que la diferencia entre significante y signicado.
-Eres una mariposa demasiado volátil y sueles ser tan extraña que, a veces, siento que no eres mi hermana…
-Que piense diferente no me despoja de mi condición fraternal y del profundo amor que siento por ti.
-Está bien, obedece a tu psique, pero prométeme que regresarás con un trozo de amanecer para mí.
La abracé y sin prisa, me levanté del pozo del olvido, cerré los ojos y concentrada en mis recuerdos, pensé que si dejaba de volar en círculos, podría llegar a donde yo quisiera y minutos antes de avanzar rumbo a un lugar llamado Mi lugar supe que contemplar uno de los espectáculos más bellos de la naturaleza y después regresar para contarlo, era el verdadero sentido del viaje de mi vida.

 

 

 

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Asociación agobiada de jóvenes

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-Nico, ¿cómo te encuentras hoy?
El muchacho permaneció sumido en la pantalla de su celular y no contestó.
-Nico, ¿cómo te encuentras hoy? -insistió el moderador del grupo de adolescentes agobiados crónicos anónimos que, dispersos sobre la alfombra como una mancha de tinta derramada al azar, al igual que Nico, observaban las pantallas de sus respectivos teléfonos celulares, inmersos en su propio mundo y no en la supuesta dinámica grupal.
-Reitero que todo lo que expresen no saldrá de estas cuatro paredes, pero, dado que el propósito de esta terapia es que aprendan a verbalizar lo que sienten, las cuatro paredes no tienen ningún sentido si ustedes no hablan -dijo el moderador con voz pausada y actitud que invitaba a reflexionar.
Nico tardó en percatarse de que la pregunta iba dirigida a él, ya que estaba chateando con el adolescente que estaba a su lado y que le acababa de enviar una foto.
-¡Contesta de una vez, tarado! -exclamó una chica que tenía problemas de concentración e irritabilidad y que, como no lograba retener los nombres de sus compañeros, utilizaba el mismo término para referirse a cualquiera de ellos.
-No lo llames así, recuerda que hasta que no memorices los nombres de tus compañeros, ellos no te llamarán a ti por el tuyo -intervino el moderador, disimulando la antipatía que sentía por ella-. Nico, por tercera vez, ¿cómo te encuentras hoy?
-¡Estoy harto de que me preguntes siempre lo mismo! -estalló Nico, con furia-. Me molesta que me tilden de adolescente problema cuando los aproblemados son mis padres, que prefieren que un tipo treintón, que no conozco, me dé las herramientas para que deje de chatear con gente desconocida que se hace pasar por joven, en lugar de hacerlo ellos.
-Doy por hecho que el tipo treintón al cual te refieres soy yo, ¿o es la persona con la que chateabas?
-¿Hay acá otro tipo que tenga treinta años, aparte de ti? No te hagas, todo en ustedes es de boca para afuera, porque modulan palabras, pero nunca aplican su significado y “amor” es una palabra que se demuestra amando incondicionalmente.
-Supongo que tu amor por ellos es incondicional.
-Sí, pero me frustra que no lo noten. Es fácil amar al hijo perfecto, no así al imperfecto, pero resulta que todos cometemos errores y si prefiero vivir conectado a internet, es asunto mío. Mis padres se desesperan, me amenazan con dejarme sin wifi, pero después me regalan un iPhone para hacer las paces. Son contradictados.
-Contradictorios, no contradictados, Nico -corrigió el moderador-. Por favor, prosigue.
-¡Como sea que se diga! Todos ustedes tienen un doble, triple, séptimo y hasta un noveno discurso y se engañan a sí mismos aparentando lo que no son. Por eso callo, yo vivo de boca para adentro y en mi mundo no existen palabras, existen emociones.
-Acabo de escucharte y créeme que fueron muchas las palabras que fluyeron de tu mundo emocional que, según tú, es de boca para adentro, cuando, en realidad, es de boca para afuera, recuerda que también fui adolescente, Nico -dijo el moderador, haciendo uso de su amplio repertorio de tonos comprensivos, en este caso puntual, el comprensivomelancólico.
-Usted no entiende, a mí me diagnosticaron depresión, pero no me permiten demostrar mi estado depresivo, y ya no doy más de tanto fingir una alegría que no siento para no deprimirlos a ellos, que lo único que hacen es lamentarse cada vez que digo que deseo pegarme un tiro o arrojarme al vacío -dijo el adolescente sentado al lado de Nico, que después lanzó una carcajada y, entre risas, continuó: tengo vértigo y me dan miedo las armas de fuego, no sé cómo es posible que me crean capaz de eso. Es ridículo que después de esos episodios me traten como loco y no pueda asistir al colegio.
-Veo que los tienes en la palma de tu mano -dijo el moderador, esta vez usando un tono comprensivoneutral-. ¿Nunca se te ha ocurrido pensar que los estás manipulando para no tener que estudiar?
-Él no está manipulando -dijo Nico, enseñandole la foto que su compañero le enviara al inicio de la sesión-. Él sufre, ¿acaso no oyes los gritos de sus brazos pidiendo ayuda?
El silencio rebotó dentro de las cuadro paredes y el moderador, hombre de treinta y cinco años de edad, futuro padre y con un pasado de hijo marcado por una adolescencia traumática, rememoró sus propias heridas y pensó que no eran nada comparadas con esas. De golpe, sintió que le pesaban los pies, las rodillas, las manos, la espalda, la boca, el cuerpo, la vida, el alma, el mundo entero, y con la frente empapada en sudor, buscó una silla y tomó asiento. El grupo de adolescentes, ignorándolo, regresó a su cibernético mundo colectivo. Un mundo plagado de imágenes, sonidos, palabras abreviadas, claves, contraseñas, seguidores, likes, #, @, suplantadores de identidad, bullying, mentes inseguras dentro de cuerpos perfectos, pero insanos y donde hasta el dolor emocional era fotografiado, difundido y comentado. Un mundo al que entraron felices a través de las pantallas de sus teléfonos celulares y del cual emergerían de la misma forma en la que entraron, pero como heridos de guerra.
-Nada es casualidad y todo deja efectos colaterales- murmuró reprimiendo las lágrimas, que horas más tarde derramaría estando a solas y no frente a ellos, un grupo de adolescentes queribles hasta la médula.
-¿Puedo agregarte dentro de mis contactos para que me ayudes a recordar los nombres de mis compañeros? -le preguntó la chica con problemas de concentración, que se había acercado a él y lo miraba con la fuerza que él no tenía.
-Sí -respondió el moderador con un tono de voz que acababa de asimilar y que era comprensivoayudameacomprender-. Hazlo, será un honor poder ayudarte, Esperanza.

El hombre redundantemente inepto y la pareja perfecta

La incógnita que debía resolver era si Steve y Olga, realmente, a pesar de su belleza, su juventud y sus gustos afines, estaban hechos el uno para el otro. Para despejar y aclarar las dudas de un posible timo, opté por situarme en la directriz correcta, recapitulando los hechos desde un comienzo. Para partir, técnicamente, ambos se habían conocido a través de Instagram y Steve, hombre caucásico, de facciones finas, ojos marrones y mirada soñadora, que gustaba cambiar el color de su cabello, pues en algunas fotografías se le veía con el cabello rubio, largo y liso, capciosamente vestido de blanco y montando un caballo, también blanco, en contraste con sus otras fotos, donde lucía la tez bronceada y el cabello color castaño oscuro, tempestuosamente revuelto por el viento, armonizaba con el estilo de Olga, una mujer de tipo también caucásico, alta y curvilínea, bello semblante, cabello negro y frondoso, cuyas fotos, tal vez, solo tal vez, eran un poco o excesivamente provocativas, con respecto a las de Steve. Sin embargo, después de recordar mis añejas aventuras pasionales, concluí que, a quién le importaba, el amor es no vidente por antonomasia y nada había de criminal entre la relación amorosa de Olga y Steve. A fin de cuentas, si ambos sublimaban sus sentimientos, dedicándose versos de amor que parecían ser escritos por arcángeles y querubines alados, era gracias al poder de sus sentimientos, tan emotivamente comparables a los de Calixto y Melibea, Romeo y Julieta o Abelardo y Eloísa y nadie tenía ningún derecho a entrometerse. No obstante, me parecía sumamente extraño que, a pesar de su mutua y abnegada veneración, algo insólita, lo reconozco, ellos nunca concertaran ningún tipo de encuentro y más extraño aún, era que Steve fuese idéntico al actor Orlando Bloom y Olga, a la actriz Monica Bellucci y muchísimo más extraño, incluso descabellado, era que Steve era una mujer de 35 años, llamada Ana y que Olga, era un hombre de 50 años, llamado Juan. Deduzco que debido a estos indecorosos e ínfimos detalles, ellos evitaban verse frente a frente y preferían saciar sus ímpetus amorosos por medio de poemas, todos producto de su inconmesurable agonía y para cerrar el caso, dada mi condición de detective privado, al que alguien, no recuerdo quién, solapadamente, me contratara para investigar las correrías de la pareja, instado por la curiosidad de mi profesionalismo y para no dejar ningún cabo suelto, resueltamente, busqué por Google: “Yo no nací sino para quereros; mi alma os ha cortado a su medida; por hábito del alma misma os quiero”. Atónito y, absolutamente, escandalizado, descubrí que ese verso formaba parte de un afamado soneto, escrito por un sujeto que se hacía llamar Garcilaso de la Vega. Finalmente, ya despejada la primera incógnita, el caso había tomado un giro inesperado y me hallaba ante la interrogante más díficil de mi carrera, ¿cómo y por qué los versos de Olga y Steve habían sido, sospechosamente, plagiados por un impostor de Neruda?

Información sobre el elixir sueño de una noche de relatos

Antes de beber el elixir Sueño de una noche de Relatos lea cuidadosamente las siguientes indicaciones.
Composición:
Relatos multitemáticos, ficticios, absurdos y fantasiosos, escritos en horario nocturno por una insomne adicta a los clásicos de todos los tiempos.
Indicaciones:
Destape el frasco que contiene el elixir, viertalo, sin derramar ni una sola gota, dentro de una copa o vaso de cristal. No lo trague, bébalo poco a poco, degustando cada sorbo como si fuera el último, ajeno a la existencia del tiempo y del espacio. Recuerde que para que el elixir surta efecto, es necesario que esté dispuesto a abrir su mente, concentrarse y reflexionar.
Efectos deseados:
Enamorarse de cada juego de palabras y de cada frase o idea recurrente contenida dentro de cada frasco de Sueño de una noche de Relatos.
Efectos no deseados:
Derramar voluntaria o involuntariamente el contenido.
Contraindicaciones:
Ninguna, este elixir no contiene ningún relato que pudiera herir o dañar, porque su componente principal es el impulso creativo de una mente compleja, pero amable y soñadora.

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https://www.bebookness.com/sueno-de-una-noche-de-relatos-zoe-ruiz.

 

¡Quiérela!

A D O L E S C E N C I A
Aceptación, dolor, osadía, libertad, efervescencia, soledad, crecimiento, emoción, nostalgia, contención, ira, amor.

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Grandes Esperanzas fue el primer libro que me regaló mi mamá. Recuerdo que tenía 13 años, que adoraba a Dickens, que ese libro era mío, único y de nadie más y que yo era una adolescente solitaria. Ahora ya no poseo ninguna de esas características, no así el libro, que sigue siendo mío, único y de nadie más, porque en él encontré lo que buscaba. Cada cierto tiempo lo releeo y siempre descubro detalles de acuerdo a mi edad y a mi condición, y así como la primera vez lo leí como hija, hoy lo estoy leyendo como mamá y, nuevamente, encontré lo que buscaba: “Me hizo llorar en mis adentros, que es el llanto más amargo que puede haber, pero ¡quiérela, quiérela, quiérela! Si te favorece, quiérela. Si te hiere, quiérela. Si te desgarra el corazón, y a medida que crezca y se haga más fuerte, aunque llegara a desgarrarte más… ¡quiérela, quiérela, quiérela!
Los adolescentes no son los incomprensibles, es el mundo atiborrado de adultos incapaces de comprenderlos…Y la niebla que se había levantado, se disipó y el mundo volvió a extenderse ante mis ojos, al igual que en Grandes Esperanzas.

 

Un espacio entre los espacios

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Después de todo lo que había creado, el aprendiz cayó dormido como un tronco y despertó al día siguiente, un tanto mareado y con dolor de cabeza. Recordó que mientras su Maestro dormía, él había creado un espacio entre los espacios y un tiempo entre los tiempos.

Me gustaría poder opinar sobre tu Ópera prima, pero no tengo permitido hacerlo dijo Luzbel, el único ángel que tenía el poder de leer sus pensamientos.

¿Quién demonios eres tú?

Soy tu ángel más querido y mi nombre es…

―¡Luzbel! ―exclamó el aprendiz, completando la frase con alegría―, ahorra tus palabras, amigo mío, recuerda que yo también puedo leer tus pensamientos. Por cierto, ¿quién nos dotó de un poder tan absurdo?

―Tú.

―Caray, hay muchas cosas que no recuerdo; esto de crear sin el consentimiento de mi Maestro me dejó agotado.

―No deseo alarmarte, pero ¿qué sucederá cuando Él despierte?

―No lo sé, supongo que lo tomará a bien.

―No seas ingenuo ―rió Luzbel―, tú sabes que resolviste mal la ecuación del tiempo y que la distancia entre tus espacios no existe.

―¿Cómo que no existe?

―Leí tus pensamientos.

―No creas que me intimidas, acabo de leer tus pensamientos leyendo los míos y sé lo que tramas.

―Y yo leo los tuyos, y sé que lees que pienso que, de todos los ángeles, yo soy el más hermoso.

―¿Insinuas que pienso que los demás son feos?

―¡Afirmo que tú piensas que yo pienso eso!

―No te exaltes, Luzbel.

―Tienes razón, pero es que a veces te encuentro tan estúpido, que no puedo evitar perder el control de mis emociones.

―Somos dos ―afirmó el aprendiz, mirándolo con cariño―; ahora guarda silencio, mi Maestro acaba de despertar y viene hacia acá.

Luzbel obedeció, y los otros ángeles, arcángeles y querubines se apartaron para cuchillear entre sí.

―Bienvenido, colega ―exclamó el aprendiz, poniéndose de rodillas―, espero que mi humilde creación sea tu agrado.

―Fui creado para crearme, no para ser tu “colega”.

―¿Quién te creó?

―Mi creador.

―¿Con qué objetivo?

―Te lo acabo de decir: fui creado para crearme.

―No comprendo.

―Somos una creación metadiegética, con infinitos niveles de efecto droste, y nuestras escrituras son una narración enmarcada, metafórica y superlativa, ¿captas?

―En lo absoluto.

―Se refiere a que somos una creación dentro de otra, como si soñaras que sueñas que estás durmiendo ―explicó Luzbel, dando muestras de una agudeza mental que lo elevaba sobre el promedio celestial.

―Veo que tu creación es bastante aceptable, aunque no estaría demás que pulieras algunos detalles ―sugirió el Maestro, mirando directamente al ángel entrometido.

―¡Epa! El hecho de que seas mi Maestro no te da ningún derecho a juzgar a mi mejor amigo.

―Ahora tú eres el Maestro y yo el aprendiz.

―¿Te refieres a que soy el Alfa y Omega?

―Me temo que sí. Ahora levántate, ninguna creación debería arrodillarse ante otra.

―¡Soy el Verbo! ―exclamó el ex aprendiz, alzando los brazos al cielo sobre el cielo de los cielos.

―Lamentablemente ― respondió en ex Maestro, con tono sombrío, y, sin más, desapareció entre uno de los espacios de los espacios y se perdió en algún tiempo entre los tiempos.

―Veamos, ahora que soy el Jefe, lo primero que haré será expulsar a esa pareja de hippies que retozan en mi jardín, porque tengo el presentimiento de que probarán no solo una, sino muchas de mis manzanas. Luzbel, ven acá ―ordenó, chasqueando los dedos con impaciencia.

―Lo sé, deseas que me transforme en una serpiente y le ofrezca el fruto del Árbol del Conocimiento a Eva.

―¿Eva? ¿Árbol del conocimiento?

―Las escrituras dicen…

―¡Pero si es solo un manzano!

―Contiene el fruto prohibido ―siseó Luzbel, semiconvertido en serpiente―. Una vez que Eva lo pruebe, Adán también lo hará y ya nada volverá a ser lo mismo, pues tú montarás en cólera y los expulsarás del Jardín del Edén para que Adán se gane el pan con el sudor de su frente, y Eva…

―Basta de chismes y expúlsalos de una vez por todas.

―Bueh, allá voy ―contestó, Luzbel.

Para calmar su ansiedad, el Neo Maestro recorrió la Vía Láctea, arregló una estrella que estaba torcida, ajustó los anillos de Saturno y niveló los megapixeles de Marte para darle mayor nitidez. De pronto, reparó en la existencia de un pequeño planeta azul y decidió que, a pesar de ser más agua que tierra, era el lugar perfecto para que la pareja de hippies pudiera vivir sin problemas una vez fueran expulsados del Edén.

―Listo, ya los desalojé ―dijo Luzbel, entregándole la manzana incriminatoria―. Leo que tramas enviarlos a la Tierra junto al ecosistema que ideaste para ellos.

―Así es.

―Sinceramente, tu decisión me parece ilógica.

Él lo miró con enojo, por andar opinando y leyendo su mente sin su permiso.

―¿Qué te sucede? ―preguntó el ángel, retrocediendo.

Él continuó mirándolo con doblegado enojo.

―¡Soy inocente! ―se defendió Luzbel―. Tú fuiste tu propio Maestro y tu propio Aprendiz, y si ahora estoy organizando un complot en tu contra, es porque me creaste para ser tu némesis.

El Maestro no dijo nada y, digno, procedió a darle vuelta la espalda a Luzbel para que éste no viera su expresión de asombro, ya que no tenía ni la menor idea de ningún complot, ni del significado de la palabra némesis. Disimulando, aguardó un instante antes de hablar.

―Solo me ciño a las escrituras.

―Las escrituras dicen que me condenarás a vivir en las entrañas del mismo planeta adonde enviaste a Adán y a Eva, con la única finalidad de que haga de sus vidas un infierno.

―Que así sea, vade retro de mi creación y no vuelvas más.

―¡Ya no puedo leer tus pensamientos!

―Acabo de cerrar mi mente hacia ti.

―Perdóname ―rogó Luzbel, reprimiendo las lágrimas.

Sin saber qué hacer, el Maestro mordisqueó la manzana que condenara a los hippies y, de golpe, la consciencia de sí mismo y el conocimiento del principio y del fin y de todo lo que fue, es y será, lo iluminó, transformando el espacio entre los espacios en infinito, y el tiempo entre los tiempos en eternidad.

―Te perdono ―dijo con la voz entrecortada por la emoción de su epifanía―, pero debes irte.

―Fuiste tu propio artífice y te envidio por ello ―murmuró el ángel caído―, pero nunca busqué ser tu enemigo.

―Yo tampoco busqué Ser lo que Soy, pero ya todo está hecho.

En señal de despedida, ambos se abrazaron como solo lo hacen dos amigos que se quieren con el alma y después, cumpliendo con las Escrituras, uno de ellos permaneció en las alturas y el otro descendió a los infiernos para sumirse en las tinieblas.

Mil noches estrelladas

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El girasol esperó que anocheciera para cerrar sus pétalos y descansar. De pronto, sintió que unas manos intentaban cortarlo y, asustado, pensando que moriría, deseó tener la misma voz que los humanos para poder gritar. Desconcertado, escuchó que el dueño de aquellas manos lanzaba un grito aterrador y se alejaba a toda prisa. Después, sintió el contacto de otras manos, que a diferencia de las anteriores, eran pequeñas e inofensivas. En señal de agradecimiento, entreabrió sus pétalos y una tierna voz infantil comenzó a hablarle.
“Me sentaré a tu lado para que ninguna persona intente cortarte, pues así como a ti te encuentran hermoso, a mí me encuentran tan feo, que ni siquiera sonriendo logro agradarles. No te preocupes, no busco la aprobación de los demás y soy feliz junto a mi familia, porque aunque a veces podamos discutir, nos amamos y nos aceptamos como somos, y si alguno de nosotros prefiere alejarse de las personas que creen que ser diferente es sinónimo de maldad, de locura o de peligro, respetamos su decisión e, incluso, lo protegemos. Un hombre al que quise mucho, y al que también tildaban de diferente, me explicó que cada ser es único y, gracias a él, comprendí muchas cosas y superé muchos miedos. Nunca olvidaré la noche en que todo lo que existe bajo este cielo, profundo y estrellado, él lo tiñó de un azul intenso, lleno de remolinos y de reflejos sobre el agua. Tanta fue mi emoción, que, bailando al compás del canto de los grillos y alumbrado por el dulce resplandor de las luciérnagas, comencé a volar bajo la luna y, por primera vez, mis pies dejaron de tocar el suelo. Uniéndome a los míos, aprecié nuestra incomparable belleza, tan única, que mientras todos me felicitaban por vencer mi temor a las alturas, les conté de mi mejor amigo y, con extremo cariño, nos acercamos a él, y ya fuera rozando su espalda o besándolo en la frente, tuve la certeza de que él también volaría y que nunca más estaría solo… su nombre era Vincent, y aunque no fue una golondrina, ni un murciélago como yo, también amaba a los girasoles, tan brillantes como su corazón y como su noche estrellada”.

Vincent van Gogh- Campo de trigo con cuervos (1890)