Sueño de una noche de Relatos

1398369914-1_1502045368100_1502045573183_1502283972967_1502290152244

La terapia para superar mi insomnio consistía en que, en lugar de estar tendida con los ojos cerrados obligándome a dormir, los abriera, tomara un lápiz, una libreta e intentara escribir lo primero que se me ocurriera; pero en cuanto se me ocurrió algo, me dormí…

-Ranas, grillos, lechuzas, búhos, arañas y musarañas, ¡despierten!

-Mira, ella no es una rana y está despierta.

-Ha de ser, entonces, una lechuza.

-No lo creo, su mirada es como la de los gatos y ellos son mitad nocturnos y mitad diurnos.

-Es cierto, pero tampoco es un elfo como nosotros.

-Nuestro Rey debe haber vertido algún tipo de elixir sobre sus ojos, por eso no puede dormir.

-¡Eso es! El embrujo del elixir la hizo caer rendida de amor ante los pies de la noche.

-¿Qué le han hecho a esta humana?

-Nada, Oberon, solo la contemplábamos.

-Escuchen, par de desobedientes, aún recuerdo aquella larga noche de verano y no deseo más entuertos ni líos amorosos.

-¡Esto es sublime! -exclamó la insomne, mirándolos extasiada-. Estoy dentro de Sueño de una noche de verano.

Los tres quedaron estupefactos. Un elfo hizo amago de gritar, pero su compañero, veloz como un rayo, le cubrió la boca. Oberon, sereno como todo soberano que se precie, notó que mientras ellos perdían su tiempo conversando, ella había aprovechado el suyo escribiendo un sinfín de historias, y eso no era producto de ninguno de sus elixires.

-Ella nos vió, ¿qué haremos?

-Fingir que todo esto fue un sueño, pero ya que fue capaz de vernos, como recuerdo de nuestro furtivo encuentro, le obsequiaré uno de mis secretos.

Y acercándose a ella, Oberon susurró:

-No creas que el insomnio es no dormir, por el contrario, el insomnio es despertar a tu imaginación y soñar…

Desde aquel extraño sueño, mi insomnio se esfumó y todas las noches, antes de dormir, despierto a mi imaginación para que escriba por mí.  Ya son tantas las historias, que seleccioné las mejores para publicar mi primer ebook, al que titulé:

Sueño de una noche de Relatos.

Adiós a El Peris

Te extrañaremos amigo.

Días de alquiler

cropped-david-lazo

Esta es una noticia que me duele tener que compartir, por muchas razones. Hubiera preferido poder seguir disfrutando de sus escritos, de su frescura, de su optimismo, de su sentido de la lucha -quién sabe, quizá aún tenga algún poema programado para los próximos días-.

El Peris nos dejó ayer, de repente, y su familia desea expresar por este medio -al no tener los datos de su blog- su gratitud a todas las blogueras y blogueros que durante este año han compartido con él su tiempo, su sensibilidad, sus escritos y su apoyo. Fue muy importante para él. Muchas gracias.

Y, desde aquí, también aprovecho para agradecer a El Peris su constancia, su ejemplo, su apoyo. Echaré de menos tu presencia. En mis mañanas de navegación por estos blogs, habrá un hueco difícil de llenar.

El Peris

Ver la entrada original

Un espacio entre los espacios

cherubini-raffaello-sanzio_1501621135767

Después de todo lo que había creado, el aprendiz cayó dormido como un tronco y despertó al día siguiente, un tanto mareado y con dolor de cabeza. Recordó que mientras su Maestro dormía, él había creado un espacio entre los espacios y un tiempo entre los tiempos.

Me gustaría poder opinar sobre tu Ópera prima, pero no tengo permitido hacerlo dijo Luzbel, el único ángel que tenía el poder de leer sus pensamientos.

¿Quién demonios eres tú?

Soy tu ángel más querido y mi nombre es…

―¡Luzbel! ―exclamó el aprendiz, completando la frase con alegría―, ahorra tus palabras, amigo mío, recuerda que yo también puedo leer tus pensamientos. Por cierto, ¿quién nos dotó de un poder tan absurdo?

―Tú.

―Caray, hay muchas cosas que no recuerdo; esto de crear sin el consentimiento de mi Maestro me dejó agotado.

―No deseo alarmarte, pero ¿qué sucederá cuando Él despierte?

―No lo sé, supongo que lo tomará a bien.

―No seas ingenuo ―rió Luzbel―, tú sabes que resolviste mal la ecuación del tiempo y que la distancia entre tus espacios no existe.

―¿Cómo que no existe?

―Leí tus pensamientos.

―No creas que me intimidas, acabo de leer tus pensamientos leyendo los míos y sé lo que tramas.

―Y yo leo los tuyos, y sé que lees que pienso que, de todos los ángeles, yo soy el más hermoso.

―¿Insinuas que pienso que los demás son feos?

―¡Afirmo que tú piensas que yo pienso eso!

―No te exaltes, Luzbel.

―Tienes razón, pero es que a veces te encuentro tan estúpido, que no puedo evitar perder el control de mis emociones.

―Somos dos ―afirmó el aprendiz, mirándolo con cariño―; ahora guarda silencio, mi Maestro acaba de despertar y viene hacia acá.

Luzbel obedeció, y los otros ángeles, arcángeles y querubines se apartaron para cuchillear entre sí.

―Bienvenido, colega ―exclamó el aprendiz, poniéndose de rodillas―, espero que mi humilde creación sea tu agrado.

―Fui creado para crearme, no para ser tu “colega”.

―¿Quién te creó?

―Mi creador.

―¿Con qué objetivo?

―Te lo acabo de decir: fui creado para crearme.

―No comprendo.

―Somos una creación metadiegética, con infinitos niveles de efecto droste, y nuestras escrituras son una narración enmarcada, metafórica y superlativa, ¿captas?

―En lo absoluto.

―Se refiere a que somos una creación dentro de otra, como si soñaras que sueñas que estás durmiendo ―explicó Luzbel, dando muestras de una agudeza mental que lo elevaba sobre el promedio celestial.

―Veo que tu creación es bastante aceptable, aunque no estaría demás que pulieras algunos detalles ―sugirió el Maestro, mirando directamente al ángel entrometido.

―¡Epa! El hecho de que seas mi Maestro no te da ningún derecho a juzgar a mi mejor amigo.

―Ahora tú eres el Maestro y yo el aprendiz.

―¿Te refieres a que soy el Alfa y Omega?

―Me temo que sí. Ahora levántate, ninguna creación debería arrodillarse ante otra.

―¡Soy el Verbo! ―exclamó el ex aprendiz, alzando los brazos al cielo sobre el cielo de los cielos.

―Lamentablemente ― respondió en ex Maestro, con tono sombrío, y, sin más, desapareció entre uno de los espacios de los espacios y se perdió en algún tiempo entre los tiempos.

―Veamos, ahora que soy el Jefe, lo primero que haré será expulsar a esa pareja de hippies que retozan en mi jardín, porque tengo el presentimiento de que probarán no solo una, sino muchas de mis manzanas. Luzbel, ven acá ―ordenó, chasqueando los dedos con impaciencia.

―Lo sé, deseas que me transforme en una serpiente y le ofrezca el fruto del Árbol del Conocimiento a Eva.

―¿Eva? ¿Árbol del conocimiento?

―Las escrituras dicen…

―¡Pero si es solo un manzano!

―Contiene el fruto prohibido ―siseó Luzbel, semiconvertido en serpiente―. Una vez que Eva lo pruebe, Adán también lo hará y ya nada volverá a ser lo mismo, pues tú montarás en cólera y los expulsarás del Jardín del Edén para que Adán se gane el pan con el sudor de su frente, y Eva…

―Basta de chismes y expúlsalos de una vez por todas.

―Bueh, allá voy ―contestó, Luzbel.

Para calmar su ansiedad, el Neo Maestro recorrió la Vía Láctea, arregló una estrella que estaba torcida, ajustó los anillos de Saturno y niveló los megapixeles de Marte para darle mayor nitidez. De pronto, reparó en la existencia de un pequeño planeta azul y decidió que, a pesar de ser más agua que tierra, era el lugar perfecto para que la pareja de hippies pudiera vivir sin problemas una vez fueran expulsados del Edén.

―Listo, ya los desalojé ―dijo Luzbel, entregándole la manzana incriminatoria―. Leo que tramas enviarlos a la Tierra junto al ecosistema que ideaste para ellos.

―Así es.

―Sinceramente, tu decisión me parece ilógica.

Él lo miró con enojo, por andar opinando y leyendo su mente sin su permiso.

―¿Qué te sucede? ―preguntó el ángel, retrocediendo.

Él continuó mirándolo con doblegado enojo.

―¡Soy inocente! ―se defendió Luzbel―. Tú fuiste tu propio Maestro y tu propio Aprendiz, y si ahora estoy organizando un complot en tu contra, es porque me creaste para ser tu némesis.

El Maestro no dijo nada y, digno, procedió a darle vuelta la espalda a Luzbel para que éste no viera su expresión de asombro, ya que no tenía ni la menor idea de ningún complot, ni del significado de la palabra némesis. Disimulando, aguardó un instante antes de hablar.

―Solo me ciño a las escrituras.

―Las escrituras dicen que me condenarás a vivir en las entrañas del mismo planeta adonde enviaste a Adán y a Eva, con la única finalidad de que haga de sus vidas un infierno.

―Que así sea, vade retro de mi creación y no vuelvas más.

―¡Ya no puedo leer tus pensamientos!

―Acabo de cerrar mi mente hacia ti.

―Perdóname ―rogó Luzbel, reprimiendo las lágrimas.

Sin saber qué hacer, el Maestro mordisqueó la manzana que condenara a los hippies y, de golpe, la consciencia de sí mismo y el conocimiento del principio y del fin y de todo lo que fue, es y será, lo iluminó, transformando el espacio entre los espacios en infinito, y el tiempo entre los tiempos en eternidad.

―Te perdono ―dijo con la voz entrecortada por la emoción de su epifanía―, pero debes irte.

―Fuiste tu propio artífice y te envidio por ello ―murmuró el ángel caído―, pero nunca busqué ser tu enemigo.

―Yo tampoco busqué Ser lo que Soy, pero ya todo está hecho.

En señal de despedida, ambos se abrazaron como solo lo hacen dos amigos que se quieren con el alma y después, cumpliendo con las Escrituras, uno de ellos permaneció en las alturas y el otro descendió a los infiernos para sumirse en las tinieblas.