¡2 años!

Screenshot_2017-10-13-15-56-43-1.png

Hoy mi blog cumple 2 años y quiero darles las gracias a todos los que han leído las tonterías que escribo y que me han motivado a seguir con mi inusual y, en ocasiones, pintoresco estilo “convergente-divergente”. Sin ustedes, Historias Furtivas, no existiría y yo estaría dedicándole mis relatos al aire y a la brisa…

selfiecamera_2017-09-29-20-26-16-047-1_1507914683751

 

Anuncios

Paula De Grei

Esta entrada está dedicada a Paula de Grei, que siempre nos apoya con su estilo positivo, su compañerismo, su sentido del humor, su sensibilidad y sus opiniones. Ella me regaló la maravillosa sorpresa de ser la primera en adquirir mi libro y aunque sé que ella no lo hizo para que le diera las gracias, sino por un real interés y de forma anónima, yo se las doy de todo corazón: ¡Gracias Paula!

Screenshot_2017-09-01-16-20-06-1-1

Adiós a El Peris

Te extrañaremos amigo.

Días de alquiler

cropped-david-lazo

Esta es una noticia que me duele tener que compartir, por muchas razones. Hubiera preferido poder seguir disfrutando de sus escritos, de su frescura, de su optimismo, de su sentido de la lucha -quién sabe, quizá aún tenga algún poema programado para los próximos días-.

El Peris nos dejó ayer, de repente, y su familia desea expresar por este medio -al no tener los datos de su blog- su gratitud a todas las blogueras y blogueros que durante este año han compartido con él su tiempo, su sensibilidad, sus escritos y su apoyo. Fue muy importante para él. Muchas gracias.

Y, desde aquí, también aprovecho para agradecer a El Peris su constancia, su ejemplo, su apoyo. Echaré de menos tu presencia. En mis mañanas de navegación por estos blogs, habrá un hueco difícil de llenar.

El Peris

Ver la entrada original

Recreo mental

El cultivo de la mente no es posible, si el cuerpo y el alma no están en armonía. El cansancio nos confunde y algo en nuestro interior nos dice que es momento de tomar unas buenas vacaciones mentales, dormir y dejar a los pensamientos en estado de inercia. Por esa razón, decidí tomarme un recreo, desconectarme, abstraerme, olvidarme de las formas y pensar en nada.

20170627_222951_1498617380060

Ese párrafo es del libro de Andrew J. Smart, El arte y la ciencia de no hacer nada. El asunto no es tratar de convertirse en un holgazán, sino en aprender a tener horarios.

20170627_220808_1498616919710

Para crear es necesario descansar…

Presagio

2049226_2089506243_1495570807580

Presagio fue publicado en Morada de Relatos el 10 mayo, 2015.

Como si todas las brujas condenadas, ávidas de aquelarres y conjuros, hubiesen pactado compartir su celda reviviendo en un solo un cuerpo, era sin duda en ella; una anciana sin nombre, demente y vagabunda. Se dedicaba a hurgar en la basura para encontrar cosas que vender, vestir o incluso, comer. Su aspecto desvalido y sus carcajadas, réplicas de sus conversaciones con el viento, eran la esencia de su ser o de los muchos seres que habitaban dentro de ella. Seres que, secretamente, me aterraban.
Para muchos, ella era motivo de lástima; para otros, de risa; sin embargo, para mí, ella era la personificación de mis miedos y de un presagio tan inevitable, como la mirada que emergía de las cuencas de sus ojos, los cuales prefería no mirar jamás. Pero el destino, que a veces se toma la atribución de decidir por nosotros, logró juntarnos y un día, dando la vuelta a una esquina, nos estrellamos con tanta fuerza, que mi reloj se soltó de mi muñeca y cayó bajo sus pies. Ella lo tomó y me lo entregó dócilmente.
—Gracias —le dije, sin mirarla, ajustándome la correa del reloj.

―¿Me dices la hora, por favor? —me rogó.

—Las ocho —le contesté con una semi-sonrisa.

—¿Quién eres? —me preguntó.

—¿Por qué me preguntas eso?

—¿Quién eres? —insistió.

—Soy yo —le dije molesta.

—¿Tú eres yo? —preguntó.

—No, yo soy yo y tú eres tú —le dije aún más molesta.

—¿Yo soy qué? —chilló.

—Tú eres tú —le respondí.

—Entonces si yo soy yo, ¿tú quién eres?

—Escucha, estoy apurada y tus enredos no me interesan. —le dije tajante.

Pero ella me sostuvo fuertemente del brazo y con sus largas uñas hundidas en mí, me obligó a mirarla y repitió:

—¿Quién eres?

—Yo soy yo y tú eres tú, pero nunca lo comprenderás, a no ser que te dijera lo contrario. Ahora suéltame, estoy atrasada.

—Gracias —me respondió sin mirarme, ajustándose la correa de mi reloj.

—¿Me dices la hora, por favor? —le rogué.

—Las ocho —me respondió con una semi-sonrisa.

—¿Quién eres? —le pregunté, mirándola a través de las cuencas de sus ojos.

—Soy yo —me contestó con mi voz.

Y se fue con mi aspecto, caminando a prisa, rumbo a mi vida, dejándome a mí, dentro de su cuerpo, condenada a arrastrar mi alma sentenciada junto a sus compañeras. Finalmente, mi carcelera ahora era libre y yo era mi propia cárcel: una anciana sin nombre, demente y vagabunda, como en el peor de los presagios.