“Capítulo Primero”

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Los escritores no se escapan del mordaz talento de Quino.
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Las lágrimas de Apolo

 

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“Il più piccolo felino, il gatto, è un’opera d’arte”.
Leonardo

Sí, así es. Soy una obra de arte llamada Apolo, no un lunático, y se precisa estar loco de remate o ser un completo estúpido para aventurarse dentro de un agujero de gusano; por lo tanto, si la manzana llega a dar señales de vida, me haré el desentendido. Es de conocimiento felino masivo que los humanos no están preparados ni física, ni mentalmente para enfrentar una realidad que no sea la suya y que no son aptos para sobrevivir dentro de cualquier tipo de universo paralelo sin la compañía de un gato, pero ni por todo el atún del mundo me precipitaría dentro del agujero de esa lúgubre manzana para encontrar a la susodicha. Hasta el felis catus más básico sabe que corre peligro si se embarca en un proyecto espacio-temporal para hacer las veces de GPS y guiar a su mascota humana hasta la salida, así es que me niego rotundamente a ir por ella. Un lector perspicaz ya habrá notado que la idea de entrar a la dimensión desconocida para rescatar a mi amiga no me atrae en lo absoluto y que, aunque no puedo dejar de pensar en ella, mi lógica es más fuerte que mi amor. Prefiero dar por terminada nuestra relación y rehacer mi vida con la anciana de la casa contigua. Es algo ruda, pero la mala reputación que la precede y las habladurías del vecindario, me parecen en extremo ficticias y no les doy ningún crédito. Es ilógico que una persona se rodee de gatos solo para hacerles daño, ¿o no? Mi amiga nunca me hizo nada malo; no obstante, imaginarla deambulando por un intersticio del tiempo en compañía de un vil gusano desconocido, me descoloca. Solo espero que el universo contenido dentro de la manzana más importante de mi existencia y que, dicho sea de paso, acaba de reabrir su agujero, le proporcione agua, oxígeno y full HD.
-¡Gato malo, si no dejas de jugar con esa mugrosa manzana te las verás conmigo! -rugió la anciana de la casa contigua haciendo crujir sus mandíbulas y emanando un hedor a maldad que confirmaba tanto las habladurías del vecindario, como su mala reputación.
Vaya, acabo de viajar a la velocidad de la luz y estoy gratamente sorprendido. Ahora comprendo que el gato que mi amiga intentó tocar era yo en el futuro y que su intención era salvarme de la vida que llevaría junto a esa anciana sádica y perversa. Cuanta luz, acá las cosas caen en sentido contrario y todo parece estar al revés; sin embargo, es tan hermoso. Incluso puedo escuchar los latidos de mi corazón uniéndose a los latidos del entorno que me rodea y siento un amor indescriptible. Este universo debe ser como un inmenso corazón que late en perfecta armonía con todos y cada uno de sus habitantes. Mi amiga ya no me necesita, porque acá encontró lo que nadie, ni siquiera yo, fue capaz de darle. Sé, porque no necesito verla para sentirla, que está contemplando como ese banco de peces multicolores que vuela hacia el amanecer parece ser el reflejo de esa bandada de pájaros que, sumergidos en la profundidad de un océano de estrellas fugaces, persigue a un atardecer. Sé que le recuerdan a las golondrinas cuando migran durante el invierno y también sé que su mayor anhelo es encontrar un trébol verde de tres hojas para retener ese recuerdo y no olvidar sus orígenes, porque aunque acá hay muchos tréboles, todos tienen cuatro hojas y son azules. Entonces, maullando de nostalgia hasta ponerme a llorar, noté que mis lágrimas subían para transformarse en pétalos y formar una flor destinada solo para ella, pero que nunca le podría entregar.
-Cuchito mío, no llores, acá estoy -dijo la amiga de Apolo que, emocionada y sosteniendo una inmensa flor azul de cuatro pétalos, no dejaba de sonreír-. Siempre supe que vencerías tu miedo a los agujeros de gusano y que entrarías a la manzana para llevarme de regreso a casa.
Como no se precisa estar cuerdo, ni ser superdotado para tener un excelente sentido de orientación espacial, en un abrir y cerrar de ojos, atravesamos el túnel del tiempo y salimos de la manzana bajo la mirada atónita de la anciana de la casa contigua, quien, creyendo ser testigo de un milagro, se volvió buena. La flor que mis lágrimas hicieron para mi amiga, y que sí le pude entregar, siempre me recordará que ella y yo estuvimos en un universo lleno de tréboles azules y donde todo parecía estar al revés, excepto la lógica, porque era más débil que el amor. Ahora, ambos sabemos que nuestra realidad transcurre dentro de una manzana que contiene a otra y esa otra a otra y que nunca nos separaremos, porque en cuanto dejé de llorar la abracé tan fuerte, tanto, que los latidos de su corazón se unieron a los míos hasta formar un solo corazón. Soy una obra de arte que ronronea, mi nombre es Apolo, vivo con mi mejor amiga y soy el gato más feliz de todos los multiversos.

 

 

Lo felino, lo humano y lo divino

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Como mencioné, anteriormente, mi nombre es Apolo, soy compositor de maullidos y no necesito comprobar lo que sé por medio de ningún tipo de axioma. Mi conocimiento sobre lo felino y lo divino es el gran legado de mis ancestros y data de tiempos inmemoriales, de generación en generación, antes y después de mí. Por esa razón, yo, al igual que los demás gatos, veo lo que muchos humanos quieren, pero no pueden ver, salvo algunas excepciones. Dicho esto, lo que expondré a continuación es algo que para ustedes es solo una hipótesis, por lo tanto, simularé que se trata de un microcuento de ciencia ficción y no de una historia basada en hechos reales. Como sea, no sé si recordarán a la bloguera furtiva que me rogó que la reemplazara durante su ausencia. Tampoco sé si viajar en el tiempo a través de una suerte de túnel que conecta dos puntos del espacio-tiempo, llamado Agujero de Gusano, les interese. Como no me importa para nada saber si la recuerdan o si les interesan los viajes en el tiempo, no derrocharé palabras e iré al grano. Una tarde, la susodicha y yo, encontramos una manzana con un agujero causado por un gusano que, después de hacer acto de presencia, desapareció frente a nuestros propios ojos. De inmediato, comprendí que aquel gusano había sido transportado a otro lugar y que el agujero de esa manzana era un puente para pasar de este universo a otro de los tantos multiversos existentes y que ambos podríamos correr la misma suerte del invertebrado, pero ella hizo caso omiso a mis señales de advertencia e introdujo uno de sus dedos dentro del agujero para tocar lo que parecía ser un gato igual a mí. La escuché gritar: Apolooooo, pero el brillo de lo que parecían ser estrellas en el interior de la manzana se intensificó y tuve que cerrar los ojos. Cuando los abrí, la manzana estaba opaca y no había ningún rastro de mi amiga. Mi corazón me dice que se encuentra bien y mi razón, que pronto volverá…más le vale. Reemplazarla no es algo que me agrade, ni siquiera sé cómo se llama, cuántos años tiene, ni a qué se dedica exactamente, pero la extraño. Soy torpe usando el abrelatas, no puedo servirme leche sin destrozar el envase y necesito que me cepille por las noches para no atorarme con mis pelos, por favor, si en tu actual dimensión estás leyendo esto, acuérdate de mí y ¡regresaaa!

( continuará…)

 

Yo, Apolo

 

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Mientras la creadora de este blog se encuentra ausente por motivos que desconozco, porque no me interesan en lo absoluto, yo, el gato Apolo, haré uso de este espacio para expresar mi opinión sobre lo que se me antoje. Antes, quiero dejar en claro que no soy un infiltrado, un lunático, una mascota, ni el alter ego de nadie, y con “nadie” me refiero a la autora de todo esto, que tiene la manía de buscar respuestas en donde ni siquiera existen preguntas. Está bien, lo admito, conozco sus motivos y me declaro su gato, pero me crispa que me trate como un guía espiritual y me interrogue sobre el por qué de la razón del por qué. Escribir relatos es lo suyo, componer maullidos es lo mío; sin embargo, debido a mi estereotipado misticismo ella no me permite ejercer mi rutina diaria como un profesional y mis partituras quedan inconclusas al verme privado de la rigurosidad que exige mi arte. Soy un “felis catus domesticus”, no un gurú, yo no puedo resolver sus crisis de fe otorgándole demostraciones de la existencia o la inexistencia de Dios. ¿Cómo no nota que en mis ojos y no en un teorema, está la respuesta? Yo no compruebo que existo mediante una ecuación, sino a través de mis sentidos y si sé que ella está viva es gracias a su aroma, al sonido de sus pasos, al tono de su voz, a la calidez que siento cuando me abraza y al amor que me da y que yo también le doy. Por lo demás, no se puede cuestionar lo que no existe, simplemente porque algo inexistente se desconoce por completo. Si jamás hubiera llovido, no sabríamos que la lluvia existe; por lo tanto, sería imposible ponerla en duda. En fin, mi humana es tan compleja como ilusa, pero yo la elegí y no me arrepiento de ello o, al menos, no todavía.

Apolo

Durante un tiempo, Apolo, un gato lunático y existencial, que afirma ser un extraterrestre infiltrado con el propósito de estudiar a la raza humana, estará a cargo del blog. Aunque su estilo es bastante crítico, sus textos no poseen la amargura del pesimismo y siempre apuntan a la esperanza.
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Caminar, siempre caminar… Caminar es la metáfora que nos regala la vida para explicarnos que ella es un viaje que culmina con la iluminación. En pleno viaje nos vemos forzados a caminar para empatar el tiempo, para matar las horas, para hacer cualquier cosa en lugar de no hacer nada. Lo mismo da caminar sobre hielo, fuego, arena, lodo o sobre un terreno pedregoso; la cosa es caminar, no correr. Caminar para decidir a dónde ir, caminar por el triunfo que significa levantarse después de caer. Caminar, siempre caminar…Caminar en línea recta, en círculos, cuesta arriba, cuesta abajo, caminar para ser uno más de los tantos caminantes sin rumbo, destinados a vivir para al final desplomarse y morir sin  alcanzar ni medio destello de luz. La credulidad de la infancia nos hace caminar en pos de una recompensa por el solo hecho de intentar caminar. Entonces, caminamos  por imposición y no por convicción. Mejor es mandar al diablo las metáforas, los docmas y las ideas pragmáticas, para caminar por el simple placer de caminar. Vivir es un viaje que comienza y termina con uno mismo, desde dentro y hacia fuera y sin depender de nadie para ser feliz. Caminar y construir el camino a medida que se avanza, ser el camino y el caminante, ser el que escribe y el que interpreta su historia. Caminar, no dejen nunca de caminar…