Mil noches estrelladas

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El girasol esperó que anocheciera para cerrar sus pétalos y descansar. De pronto, sintió que unas manos intentaban cortarlo y, asustado, pensando que moriría, deseó tener la misma voz que los humanos para poder gritar. Desconcertado, escuchó que el dueño de aquellas manos lanzaba un grito aterrador y se alejaba a toda prisa. Después, sintió el contacto de otras manos, que a diferencia de las anteriores, eran pequeñas e inofensivas. En señal de agradecimiento, entreabrió sus pétalos y una tierna voz infantil comenzó a hablarle.
“Me sentaré a tu lado para que ninguna persona intente cortarte, pues así como a ti te encuentran hermoso, a mí me encuentran tan feo, que ni siquiera sonriendo logro agradarles. No te preocupes, no busco la aprobación de los demás y soy feliz junto a mi familia, porque aunque a veces podamos discutir, nos amamos y nos aceptamos como somos, y si alguno de nosotros prefiere alejarse de las personas que creen que ser diferente es sinónimo de maldad, de locura o de peligro, respetamos su decisión e, incluso, lo protegemos. Un hombre al que quise mucho, y al que también tildaban de diferente, me explicó que cada ser es único y, gracias a él, comprendí muchas cosas y superé muchos miedos. Nunca olvidaré la noche en que todo lo que existe bajo este cielo, profundo y estrellado, él lo tiñó de un azul intenso, lleno de remolinos y de reflejos sobre el agua. Tanta fue mi emoción, que, bailando al compás del canto de los grillos y alumbrado por el dulce resplandor de las luciérnagas, comencé a volar bajo la luna y, por primera vez, mis pies dejaron de tocar el suelo. Uniéndome a los míos, aprecié nuestra incomparable belleza, tan única, que mientras todos me felicitaban por vencer mi temor a las alturas, les conté de mi mejor amigo y, con extremo cariño, nos acercamos a él, y ya fuera rozando su espalda o besándolo en la frente, tuve la certeza de que él también volaría y que nunca más estaría solo… su nombre era Vincent, y aunque no fue una golondrina, ni un murciélago como yo, también amaba a los girasoles, tan brillantes como su corazón y como su noche estrellada”.

Vincent van Gogh- Campo de trigo con cuervos (1890)

 

 

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16 comentarios en “Mil noches estrelladas

    1. La parte lírica fue la que más tuve que pulir y la que más me costó hacer. Los adjetivos nunca deben sobrar, ni faltar… y encontrar la medida precisa, no es fácil.
      Pero todo sea por mi querido Vincent y su Noche Estrellada.

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  1. La expresión de tus sentidos vertidos en las lineas de la pasión, la adjetivación que calmo a justo tiempo tu interpretación, que buena la osadía de la imaginación, por tu mano inspiración, que no se aleja de aquel pintor…

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  2. Sé que me gusta como escribes poruqe no me fijo en cómo está escrito, solo me dejo llevar.
    Los girasoles de Van Gogh me transmiten muchísimo y tú también.
    Un abrazo.
    Alberto Mrteh (El zoco del escriba)

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    1. Eso que me dices es lo que siento cuando miro una pintura. No me importa si es una acuarela o un óleo sobre tela, sino el efecto que me produce. Los girasoles de Van Gogh son brillantes, intensos y tan únicos como el propio Vincent y la Noche Estrellada es maravillosa.
      Un abrazo Alberto.

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