Errare humanum est

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Era notorio que se sentía triste. Durante el desayuno, bebió dos sorbos de café y, sin mirarme, comenzó a hablar que los sentimientos eran como los sismos. Según él, ambos se producían por el ajuste o desajuste de ciertas placas internas, tenían epicentros, dejaban grietas y afectaban a cada individuo de distinta manera. Me pareció una buena analogía eso de comparar un movimiento telúrico con una emoción y se lo dije, pero, como si fuera sordo, me ignoró y siguió con el tema. Para él, las personas que entraban en un estado de pánico desmesurado eran ilógicas, porque corrían para escapar de lo inescapable.
-Es como si intentaran huir de sus propios temores, en lugar de enfrentarlos -agregó.
Estuve de acuerdo, pero no le dije nada y seguí escuchándolo con atención para poder entender el motivo de su tristeza y él continuó con el tema, diciendo que las personas que guardaban la calma, a parte de ser lúcidas, eran valientes, porque en lugar de correr, trataban de contener al que había entrado en pánico, solo para poder ayudarlo. Discrepé y me pareció inapropiado que usara los términos “ilógicas” y “lúcidas”, pero para no hacerlo sentir más triste y, de paso, para alivianar el ambiente, le pregunté si sería posible medir la magnitud de los sentimientos con la escala de Mercalli o con la Ritcher.
-No te hagas el payaso -contestó tajante-, nadie sofoca un llanto de gran intensidad, con epicentro en el alma misma y con grietas catastróficas para el corazón, ni le pone grados a lo que siente, porque lo que para mí puede ser demoledor, para ti puede no serlo.
Tiene razón -pensé-, los sentimientos son como los sismos y todos reaccionamos de distinta manera, pero olvidó mencionar que algunos no recuerdan que la persona que está frente a ellos, confiandoles sus temores y temblando de dolor, no lo hace porque sea ilógica, ni poco lúcida, sino porque tiene problemas que lo superan y en lugar de ayudarla, la juzgan.
-El verdadero valiente no es el tipo que se sienta a escuchar, toma notas y prescribe medicamentos como lo hace tu terapeuta -le dije, hastiado no de él, sino que de la situación-, el verdadero valiente eres tú, porque expones tus sismos emocionales más íntimos a un ilógico que se cree lúcido y que se escuda en los terremotos ajenos para no hacerle frente a los suyos, en un corolario de frases chichés certificadas y miradas tan vacías y mal actuadas como su vida.
-¿Eso opinas?
-Opino que es hora de que converses con tu sismólogo y le hagas ver sus errores.

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