El cantante de cabello largo

Pieza teatral inspirada en la obra de Eugène Ionesco, La cantante calva, compuesta por un único acto. Personajes: Doctor Bishop, Señora Queen, Bobby y la Voz.

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Se abre el telón y el doctor Bishop, médico psiquiatra, de anteojos, barba gris y sweater con rombos, se reclina en su sillón de felpa y enciende su pipa. Sentada frente a su escritorio, la delgadísima señora Queen, vestida enteramente de negro, se restriega las manos nerviosa.

Sra Queen:
-Mi hijo Bobby siempre fue un niño normal, no comprendo qué le sucedió.
Dr Bishop: (con voz indiferente)
-Le explicaré. Su hijo es demasiado genial, y los niños geniales suelen crear amigos imaginarios para intercambiar ideas, conversar, jugar e, incluso, discutir. Es un comportamiento, por así decirlo, normal, ya que Bobby, al sentirse solo en compañía de otros niños, recurrió a su mente para crear niños similares a él.
Señora Queen: (sin dejar de retorcerse las manos)
-Entonces los creó como un mecanismo de defensa, pero ¿por qué la mente de Bobby perdió el control sobre sus amigos?
Dr Bishop: (con voz indiferente)
-Tal vez, las mentes de los amigos de Bobby fueron las que perdieron el control sobre él.
Sra Queen: (dejando de retorcerse las manos)
-¿Sugiere que mi hijo dotó a sus amigos imaginarios de mentes tan brillantes como la de él?  Si es así, usted esta especulando en base a una idea propia y no ante una idea ya postulada.
Dr Bishop: (siempre con voz indiferente)
-No sugiero nada, es solo que su hijo se asemeja más a un escritor que a un transtornado, ya que más que simples amigos imaginarios, él construyó personajes.
Sra Queen: (volviendo a retorcerse las manos)
-Usted es psiquiatra, es obvio que mi hijo sufre de transtorno de personalidad múltiple, haga algo y sánelo.
Dr Bishop: (con voz menos indiferente)
-Eso es lo que pretendo, pero él o una de sus personalidades, no me permite entrar en su mente.
Sra Queen: (dejando sus manos inmóviles)
-Por cierto, ¿cuántas personalidades desarrolló Bobby?
Dr Bishop: (con voz levemente nerviosa)
-Aún no lo sé con exactitud, pero las personalidades más marcadas son la sra Queen, madre de un niño llamado Bobby que posee múltiples personalidades y un psiquiatra llamado Tom Bishop; es decir, yo.
Sra Queen: (con expresión incrédula)
-¿Cómo?
Dr Bishop: (con voz histérica)
-Algún desquiciado nos creó para angustiarnos y ahora, el muy pillo, debe estar muriendo de risa o de regocijo, mientras usted y yo mantenemos este estúpido diálogo.
Sra Queen: (con expresión crédula y apretando los puños, con rabia)
-Ahora comprendo la razón de nuestros apellidos. Usted, Bobby y yo, somos las marionetas de una mente perversa y obsesionada por el ajedrez.
Ambos guardan silencio y un hombre joven, vestido de oficinista y de expresión bonachona, entra a escena y se dirige al público en un aparte.
-Soy Bobby. Cuando era niño jugaba ajedrez conmigo mismo y mi mente creó amigos imaginarios para que jugaran conmigo y nunca he podido olvidarlos.
La iluminación se atenúa y los suaves compases de Claire de Lune, de Debussy, dan paso a una atmósfera nostálgica.
Dr Bishop: (se percata de la presencia de Bobby y, emocionado, se pone de pie)
-Muchacho, cuánto has crecido, ven acá y danos un abrazo a tu madre y a mí.
Sra Queen:
-Esperen, esto es incoherente. Hoy en la mañana Bobby era un niño y ahora es un adulto, nadie puede crecer tan de prisa.
Dr Bishop: (con lágrimas en los ojos)
-Sra Queen, no sea tan severa, el pobre Bobby no tiene la culpa de nada.
Sra Queen:
-Bobby, ¿podrías decirnos cuál es tu apellido?
Bobby: (bajando la mirada)
-Rook, soy Bobby Rook.
Dr Bishop:
-Rayos, esto es el colmo, este rapaz es otro Bobby, supongo que a continuación irrumpirá una manada de Bobbies apellidados Chess.
Abruptamente, la música cesa y los reflectores alumbran un palco vacío, del cual brota una voz femenina.
-Vaya, vaya. Nunca pensé que un puñado de trebejos pudiera crear a una enemiga imaginaria.
Dr Bishop, Sra Queen y Bobby Rook: (al unísono)
-¿Quién es usted?
Voz:
-Ustedes me imaginaron para que escribiera esta patraña.
Dr Bishop, Sra Queen y Bobby Rook: (nuevamente, al unísono)
-¿Cómo podemos terminar este embrollo?
Voz:
-Simple, si quieren darme jaque mate, dejen de imaginarme.
Baja el telón y entre los abucheos del público, la obra imaginaria, llega a su fin.

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