Nina, Gina y Roger: diez años después

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Con los años, Nina y Gina se distanciaron tanto, que pasaron de ser las mejores amigas del mundo, a ser las mejores desconocidas del mundo, ya que, de manera inexplicable, salvo que se tratara de un timo o de algún tipo de sortilegio, ambas juraban no conocerse; sin embargo, tenían recuerdos en común. Uno de los más comentados por la gente era una absurda declaración de amor escrita por mail dedicada a una de las dos, a la que le quitaban o le agregaban palabras, logrando versiones casi tan disparatadas como la original, hasta que de versión en versión y de boca en boca, llegó a oídos de un productor de televisión, que ávido de historias truculentas, ya que éstas eran las que generaban ingresos, intentó reunir a Nina y a Gina en su programa nocturno “Reencuentros Sabatinos” para entrevistarlas. Ambas declinaron su invitación, pero Roger, autor de la declaración de amor para Nina, aceptó, sin titubeos, asistir al programa en lugar de ellas.
Ese sábado, mientras el conductor del talk show se aprestaba a tener más puntos de rating, más auspiciadores, más fama, más dinero y, de paso, una visión un poco menos subjetiva del caso, Nina y Gina, las supuestas desconocidas, se aprestaban a hacer el ridículo de la mejor manera posible y Roger K., también conocido como Alma de Poeta, se aprestaba a ganar más seguidoras para sus selfies. Las cámaras se encendieron y el coordinador de piso comenzó su mudo conteo manual: 5; Nina quizo cambiar de canal para ver un documental de gatos, pero su novio frustró sus intenciones; 4, Gina, rodeada de parientes, se arrepentía de haberlos invitado a ver el programa en familia; 3, Nina recordó que por culpa de Roger, ellas habían dejado de ser amigas; 2, Gina, implacable, pensó que tanto Nina como Roger eran insoportables; 1, Roger, con su perenne bronceado color zanahoria, hizo chirriar los llantas de su descapotable. El coordinador levantó el pulgar en señal de que estaban al aire y “Reencuentros Sabatinos” comenzó. Todos enmudecieron cuando el presentador, con rostro sombrío, anunció que Roger K., el eterno Alma de Poeta, había sufrido un accidente automovilístico rumbo al programa y que ahora escribiría declaraciones de amor desde el cielo.
-Pobre Alma de Poeta -dijo Gina, apagando el televisor-, mi sentido pésame para su familia.
-No lo puedo creer -dijo Nina, con lágrimas en los ojos-, pobre Roger.
-¿Ese no era el sujeto del mail dedicado a ti? -le preguntó su novio, con cierto sarcasmo.
-Así es -fue la escueta respuesta de Nina, mientras abrazaba a su gato Oscar.
-¿Y quién es Gina?
-Ella era mi mejor amiga, pero después de la declaración de Roger, dejó de serlo.
-Si esa amistad hubiese sido sincera, tal vez nada de esto hubiera ocurrido.
Nina no respondió, pero Oscar, acostumbrado a leer sus ojos, sabía que su silencio no era vacío, sino pensante, como el de toda persona introvertida.
-Finalmente, sí somos un par de desconocidas -murmuró-, qué nostalgia es mirarnos, diez años después, desde los ojos de un par de niñas que creyeron ser las mejores amigas.

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