Velvet y la Luna

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Velvet, la dulce princesa de ojos color violeta, que soñaba con vivir eternamente, no sabía que pasado, presente y futuro, eran tres puertas creadas para pasar de un tiempo a otro y que, una vez abiertas, debían ser cerradas. Tampoco sabía que el mundo era tan cambiante como sus puertas y que a veces éste podía ser extraordinariamente gentil; y otras, extremadamente cruel. Para ella, el mundo había girado de la primera a la segunda opción, condenándola a vivir una vida más solitaria que la soledad misma. Como alma en pena y con un puñado de recuerdos a cuestas, Velvet pasaba los días enclaustrada dentro del castillo, sumida en tan tristes pensamientos, que de su imaginación brotaban ideas tan funestas como descabelladas. Fue así, que una noche escuchó la voz de la Luna y trabó amistad con ella, no así con las estrellas, ni con el viento, ni con el sol, pues todos ellos le causaban temor.

En tal doloroso estado de exaltación, estado que toda alma sufriente conoce de sobra, tras invocar a la Luna, Velvet esperó que ésta estuviera llena y llevando consigo un pequeño saco de terciopelo repleto de sal, partió rumbo al cementerio, para postrarse, una vez más, a los pies de la tumba de su amado. Ansiosa por algo que solo ella y la Luna sabían, aguardó expectante, pero solo los cantos de los grillos y la brisa otoñal se manifestaron.

-Desleal Luna –pensó, mientras se incorporaba-, ¿cómo puedes burlarte de mi dolor?

-Buenas noches, Velvet.

-¿Quién me habla?

-Mírame, siempre he estado junto al sepulcro que visitas. Pobre y hermosa Velvet, el pasado solo recuerda al pasado y tú no formas parte de él.

-Tú estas hecho de piedra, eres una escultura, no una persona, ¿cómo es posible que puedas hablarme?

-Muchas personas hablan y al igual que yo, también están hechas de piedra.

-Tal vez así sea, pero, ¿por qué dices que él ya no me recuerda?

-Porque el pasado solo piensa en sí mismo.

-¿Ni siquiera por un minuto él piensa en mí?

-Ni un minuto, ni una hora, ni un día. El pasado no puede, ni quiere recordarte.

-Mientes.

-Toda vida, incluso la tuya, nace con su propia sentencia de muerte, por lo que no tiene sentido extrañar a tu propia muerte.

-Extraño mi vida, ¿no comprendes?

-La muerte también esta condenada a morir y ella no extraña su vida como muerte, deberías imitarla.

-No entiendo nada de lo que dices, cómo se nota que no eres más que un pedazo de piedra con forma de hombre, esculpida por unas manos ajenas a ti.

-Es cierto, pero aquellas manos solo esculpieron mi forma, no mis pensamientos. Ahora discúlpame, ya es casi medianoche. ¿Me concedes esta pieza?

-No me toques.

-Tranquila, solo bromeaba, pero ya que la Luna te hizo cómplice de nuestro baile, he de advertirte que en cuanto comience la música, tu cuerpo se pondrá frío, mudo y estático como el mármol.

-Espera…

Velvet no pudo terminar la frase, pues ya era de mármol.

De inmediato, una extraña música brotó del silencio y las esculturas, guiadas por la luz de la Luna, comenzaron su fantasmagórica danza nocturna, y girando y brincando, se acercaron a Velvet para susurrarle frases en sus oídos.

-Olvídalo Velvet.

-Él no te evoca, recupera tu vida.

-Vive por nosotros Velvet, lee la inscripción de la tumba.

-Nuestro presente es vivir solo una vez al año, porque nosotros no recordamos.

-Es el futuro quien lo hace.

-Usa la sal Velvet…

Todo fue quietud. Las esculturas volvieron a ser esculturas y Velvet volvió a ser Velvet. 

Temblando y pálida como la Luna, se acercó a la tumba para leer la inscripción de la lápida.

Velvet

1216 – 1240

Ella siempre lo había sabido, pero nunca lo había asumido, porque ella formaba parte del pasado y el pasado nunca recuerda al pasado. Velvet suspiró, tomó el saco con sal y lo vació sobre la tumba hasta cubrir la inscripción. Luego escribió con su dedo índice sobre la sal:

Velvet

2016 –

El futuro es el que recuerda al pasado y si soy capaz de recordarlo, significa que estoy viva y que este momento es parte de mi presente –murmuró.

-Vamos Velvet, apresúrate -exclamó una de sus amigas desde la ventanilla del auto-. ¿Pretendes quedarte acá toda la vida?

Velvet sonrió agradecida y con los compases de la música en sus oídos, echó una última mirada a las esculturas que, bañadas por la luz de su querida Luna, parecían ángeles, y feliz, subió al vehículo para no regresar jamás, porque en lugar de morir, ella prefería darse una segunda oportunidad y vivir; no obstante, aquel baile sería difícil de olvidar, pero como el pasado solo piensa en si mismo, Velvet ya no recuerda la historia de una remota y lejana muchacha de ojos color violeta, llamada Velvet, que según la leyenda, una noche de Luna llena desapareció para vivir en tiempos futuros.

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11 comentarios en “Velvet y la Luna

  1. Hola Zoe. Me ha gustado muchísimo este relato, con un aire gótico, y reflejas muy bien el estado angustiado de Velvet. Por otro lado, me apasiona todo lo que de vueltas a la realidad o al tiempo, y tú lo has hecho con gran maestría. Quizá lo único que me ha parecido un poco raro han sido los diálogos, si bien la estatua estaba metida en su papel misterioso y le queda muy bien, Velvet como que no me refleja demasiado cuando habla y para mi gusto se quita carisma a sí misma. Así todo, me ha parecido un estupendo relato. Un beso

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    1. Sabes que yo notaba que la personalidad de Velvet, descrita como persona que sufre por su soledad, en los diálogos se tornaba algo fría y distante. Tal vez, la personalidad de la estatua me sedujo a mí y sin darme cuenta, le quité el protagonismo a Velvet para dársela a él. Gracias, es tan bueno lo que me dices porque yo notaba algo raro y no sabía bien qué era. Eres increíble, ojalá me puedas seguir leyendo.
      Un inmenso abrazo!!

      Le gusta a 1 persona

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