5000 piezas

Algunas veces llegamos a creer que somos los que pretendemos ser.

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Aún recuerdo el día en que los ví por primera vez. Yo armaba un rompecabezas de 5000 piezas y ellos irrumpieron en el salón, gritando y riendo. Curiosamente los tres se llamaban Jack, tenían 8 años, eran hijos únicos y un aspecto tan parecido, que fácilmente pasaban por hermanos. Como a mí, a ellos también les gustaba leer y armar rompecabezas, intereses poco comunes para los niños de su edad y principal motivo para que se volvieran amigos inseparables, tanto, que para no confundirse entre ellos, se nombraban entre si Jack 1, Jack 2 y Jack 3, hasta que yo, basándome en mi puzzle con las figuras de los tres mosqueteros, propuse que reemplazaran sus números por los nombres de Athos, Porthos y Aramis. El 1, por su temperamento introvertido y melancólico, sería Athos; el 2, más hablador y explosivo, sería Porthos; y el 3, siempre amable y conciliador, sería Aramis. Dado que ellos también admiraban la obra de Dumas, acogieron mi idea de buena gana y, además, decidieron hacerse del lema “uno para todos y todos para uno” y día tras día, como si estuviesemos sincronizados, mientras yo sumaba piezas para completar a los personajes del puzzle, ellos restaban jacks para personificar a los tres mosqueteros, unidos al extremo que muchas veces no sabían cuál de los tres era Athos, cuál Porthos o cuál Aramis, pero yo, que los observaba en silencio, teniéndo la certeza de qué mosquetero era cada uno, prefería no tomar partido y pasar por alto sus discusiones. Sin embargo, a medida que completaba la dichosa imagen, recordé que los mosqueteros no eran tres, sino cuatro y ninguno de ellos era D’Artagnan. Me pareció injusto que lo olvidaran, pero ellos no querían incluirlo, pues para que existiera un cuarto mosquetero, tendría que existir un Jack 4. Tal detalle, a pesar de parecerme lógico, comenzó a inquietarme, al punto de que cada vez que los oía entonar el lema de los mosqueteros mis oídos zumbaban como si tuviese avispas en el cerebro y un intenso enojo comenzó a inundarme, hasta llevar a pique mi paciencia. ¡No importa!, ellos jamás habían sido mis amigos y no lo serían nunca y, furioso, para acallar sus odiosas voces decidí irrumpír en su grupo y dar por finalizado el puzzle, porque Athos, Porthos y Aramis, a pesar de contar con 5000 piezas, nunca fueron tres, sino cuatro, porque Jack 1, Jack 2  y Jack 3 siempre fueron uno: yo, un Jack tan solitario, que ni siquiera recordaba quién era, perdido entre las piezas diseminadas de su propio rompecabezas, uno con 5000 piezas, tan enrevesado como el anterior, pero con la figura de D’Artagnan y que se aprestaba a ser armado por Jack 4, el cuarto mosquetero.

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11 comentarios en “5000 piezas

  1. Si en mi cabeza tengo que aguantar a tres más me pego un tiro, no aguanto a uno que me tortura y martiriza con sus locas ideas e historias que he de hacer salir para que no me reviente la sesera, como para tener a tres cada uno por su lado y todos por el mismo. 🙂

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    1. Debe ser horrible ese estado de disociación, lo triste es que una persona con ese trastorno no lo nota, es como Nina del Cisne Negro o Norman Bates, ambos tan sicóticos que no necesitaron pegarse un tiro, pero que no terminaron nada bien. Ojalá lo de ellos fuera tener que soportar tantas ideas creativas Antonio.
      Gracias por leérlo y comentar ☺

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  2. Lo más habitual es convivir con dos Jacks( por ejemplo:un Jack de ambiente laboral y otro Jack del ambiente privado). Algunos otros conviven con más de dos Jacks. Lo bueno de tu escrito, es que, puede ser vía y disparador de preguntas tales como: ¿Con cuantos Jacks convivo? ¿Los conozco? ¿Actúan sin mi permiso?. En fin, da para muchos autointerrogantes.Y como corolario, si no podemos respondenos algunas de estas preguntas, tal vez estemos necesitando un psiquiatra con carácter de urgencia!!!!

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  3. Profundo y directo a la mente. Realmente me deja sin palabras, siempre logras sorprenderme con tus relatos. aaaaaah (no sabes cuanto tiempo llevo pensando acá). En fin. creo que todos siempre tenemos piezas que completar como un rompecabezas. Y que somos víctimas de nuestros propios pensamientos cuando dudamos que es lo que debemos hacer. (o en el caso de jack, perderse a sí mismo en el rompecabezas)

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