Morada de Relatos

Como si todas las brujas condenadas y ávidas de aquelarres y conjuros, hubiesen pactado compartir su celda reviviendo en un solo un cuerpo, habría sido sin duda en ella; una anciana sin nombre, desgreñada, tuerta y vagabunda. Se dedicaba a hurgar en la basura para encontrar cosas que vender, vestir o comer. Su olor putrefacto, su sonrisa desdentada y sus carcajadas, réplicas de sus dementes conversaciones con el viento, formaban parte de su miserable sello. Sello que secretamente me aterraba.

Para muchos, ella era motivo de lástima; para otros, de risa; mas para mí, lo era de un trágico sino, inevitable como un presagio de tan mal aspectado como su único ojo, el cual prefería no mirar jamás. Sin embargo, el destino quiso juntarnos y en aquel día de otoño, dando la vuelta a una esquina, nos estrellamos de frente.

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2 comentarios en “Presagio

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